Cuando

…no estás.

Cuando Andrés Calamaro compuso esta canción la nostalgia también necrosaba su corazón. El amor se había ido dejándole a medio vivir. Y ahora que la escucho, con el corazón igual de compungido, empatizo con él. Entiendo la letra, siento la música y le canto entre dientes a tu distancia cruel.

Él echaba de menos al amor perdido, yo echo de menos el amor vivido que no quiero perder. Y no solo cuando eres tú el que se marcha, porque también te extraño cuando soy yo la que se va; de tu lado, de tu habitáculo desordenado, de nuestra ciudad… de tu tierra. Y da igual cuantificar la distancia, ya sea en metros o kilómetros, porque cuando no estamos no podemos ser. Ya sabes, estar lejos nunca se nos ha dado bien. Y es que muy pocos pueden presumir de eso; nadie en su sano juicio soporta un expolio sin quejarse por lo que le han quitado o ha perdido.

Pienso en el melancólico cantante y vuelvo a entender su sentir hecho canción. Lo entiendo porque así me he sentido yo cada una de las veces que has desaparecido; cada una de las veces que, por mí o por ti, la palabra “juntos” se nos caído de los bolsillos y se ha extraviado por el camino.

Lo sé, es la distancia que, ojalá no sea el olvido, la responsable de esta desazón. Pero, qué irónico será esto, que en un afán devoto por el sin sentido, el hecho de alejarme sin querer queriendo de ti me hace sentirte más dentro de mí. En fin, incongruencias sentimentales dignas de un corazón inestable. Mea culpa.

“Cuando no estás la soledad me aconseja mal”

Sí. Y maldito sea el vacío que dejas y nunca sé cómo llenar. Me aventuro en viajes al azar, me animo a tocar la guitarra, devoro libros científicos o me entrego en cuerpo y alma al estado taciturno de mi ser.

“Me pierdo en habitaciones vacías”

O en habitaciones repletas de todo, menos de lo único que tiene la capacidad de colmar: Tú.

“Cuando no estás…escribo versos crueles conmigo”

Versos desechables y prosa rota; porque me caricaturizo ante la fragilidad de mi ser por la bendita dependencia de tu querer.

“…estoy esperando que vuelvas…”

Estoy, sí. Y no tardes, que, aunque al igual que Andrés Calamaro, me pase “el día contando minutos”, la vida no es eterna y las tres que me quedan no quieren seguir esperando “verte llegar por esa puerta”.

Te quieren aquí. Conmigo. Ya.

Aunque bien saben que cuando vuelvas… Siempre “te voy a querer más”.

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