La última escena

…un beso de cine.

Italia, 1988. Acabo de viajar en el tiempo…

La última escena de Cinema Paradiso se acerca. La sala está llena. Una nostalgia mágica se respira entre rubores. La melancolía alegre de un instante en blanco y negro visita a cada uno de los allí presentes. Iluminados por una pantalla gigante olvidamos pestañear. La manivela empieza a sonar y Ennio Morricone nos deleita una vez más. La película está a punto de acabar, pero la nuestra… La nuestra no ha hecho más que empezar.

Nos buscamos al tacto. Abrazas mi mano con tus dedos. El pulso se me dispara. Los segundos de ese instante son eternos; tanto así, que sin buscarlo, repaso cada uno de los besos que nos hemos dado hasta ese momento. El primero con sabor a uva, el segundo iluminado por un negro cielo, el tercero sobre el manto verde de un terroso suelo… Todos el mismo día. El día que supe que nunca querría dejar de hacerlo; que nunca querría dejar de posar mis labios en el algodonoso terreno de tu boca y así despertar la pasión dormida al sentirse correspondida. No fueron los únicos, ni lo últimos, pero sí los primeros en empezar a dibujar lo que ahora vemos y no queremos dejar nunca de observar, de saborear, de tocar…de vivir. Un mural de canciones, una partitura de fotos, un álbum de cenas y un menú de risas, caricias y besos; muchos besos.

Vuelvo en mí. Sigues ahí. Sujetas mi mano con la delicadeza de un pintor renacentista. Me buscas con la mirada y me dejo encontrar. Cortinas de luz intermitente me permiten verte. Pienso, “nunca dejes de mirarme. Así, con el alma. Así, como te estoy mirando yo”. Tienes miedo, se apodera de ti el vértigo y no sabes bien si dejarte llevar o esperar. No te preocupes, mi amor; todo eso, también lo siento yo.

Apagamos el cerebro

encendemos el corazón. 

Se detienen los relojes

la oscuridad total llegó. 

Solo brillamos nosotros

al ritmo de esta canción.

Nos metemos en la película. Somos un fotograma más de la colección. Nos tornamos blanco y negro. Comienza nuestra proyección.

La sala aplaude. Se encienden las luces… Para nosotros, no.

…to be continued.

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