Me sabes a música

…Y suenan canciones.

Estás lejos. Suena esa melodía pegadiza que nos hace cantar a coro que “we ain’t ever getting older…”. Me acuerdo de ti. Te quiero conmigo y te preciso aquí. Sé que es un sentir efímero y que cuando acabe la música volveré a ceder a esa anestesia emocional autoimpuesta cuando se trata de ti.

Son las 15:24 de un lunes 19 de diciembre al norte de Italia. Fuera hace frío. Dentro la radio local me regala los oídos. El paisaje se mueve a la velocidad del bus que me lleva rumbo al aeropuerto. Me quedan pocas horas para volver a la ciudad que me vio besarte los labios por primera vez. Tú no estarás, lo sé; y aunque no me da igual es ahora cuando te echo de menos y mi cabeza me obliga a recordarte. Se agolpan los momentos contigo; sin cenar, sin desayunar… pero llenos, muy llenos de ambos y con ganas de más.

Canto mentalmente el “so baby pull me closer in the back seat of you Rover” mientras escribo esto que quizás nunca llegues a leer. O sí, ¡quién sabe! Quizás  algún día un ataque de sinceridad valiente me posea, y me dé por compartir contigo estos tres minutos de mi vida hechos texto al ritmo de una canción. O quizás, simplemente quizás, decida en algún momento postearlo en algún sitio y a ti te dé por encontrarlo. No lo sé. Ahora bien, de lo que sí estoy segura es que aun no estando aquí te siento junto a mí. Sentado a mi diestra, mirando el paisaje y cantando conmigo “we ain’t ever getting older” mientras me acaricias las manos. ¿Te quiero? Tal vez. ¡Qué más da! Ahora soy libre. Estoy viva y tú también. Durante estos tres minutos y medio de melodía existes… eres Real.

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Vienes a mi cabeza entre risas. Con nadie me había reído tanto. Sé que tienes tendencia a la carcajada fácil sin filtro alguno, pero es que llegas a hacerme creer que soy graciosa. Tienes algo, no sé; quizás tus inexistentes dotes culinarias, tu escasa paciencia para explicarme un chiste, tus recurrentes comentarios sobre mi comportamiento “A-s-p-e-r-g-e-r”, o simplemente tu particular forma de ver la vida.

“I know it breaks your heart, moved to the city in a broke down car”. La canción sigue a su ritmo. Yo voy marcando mis tiempos. Me secuestro la voluntad y me sigo regalando segundos de libertad. Sigo escribiendo.

Mierda… te vas. Son las 15:27. La melodía se va apagando y vas muriendo. Se difuminan los fotogramas en blanco y negro bajo el Pont Neuf de Toulouse. A orillas del Garona sentados en el suelo, temblábamos de frío y ardíamos sin miedo. Con los auriculares puestos, disfrutando el piano de Tiersen, nos dejamos cautivar por la caída del sol. Ese día, con música, nos dibujamos los dos.

No le voy a dar más vueltas. Volveré a mi jaula. Volveré a inyectarme la anestesia; esa que me silencia los miedos y me permite sobrevivir. Un último suspiro, tu último aliento. Te busco en la carretera al otro lado del cristal. Demasiado tarde, ya no te voy a encontrar.

Suena algo en la radio que no consigo descifrar. El italiano no es mi fuerte; y aunque muchos piensen que al español se parece, eso no es verdad. Sigo mirando por la ventana, pero ya no te busco. Me tengo a mí, no necesito nada más. Encuentro mi reflejo y en el rostro la satisfacción del que se sabe autoengañar. Apagaré el móvil, la anestesia está empezando a funcionar.

Otra vez… ¡maldita sea! Son las 18:32 y ‘Patient love’ de Passenger me ha obligado a coger de nuevo el Keep. Nota mental: “Olvidar el IPod voluntariamente cuando en alguien que sepa a música no quiera pensar”. ¡Ay! minutos de acordes perfectos, letras melancólicas y estribillos pegadizos se están sucediendo y me hacen querer escribirte más. Todo me sabrá a poco, tengo más sentimientos que palabras en el diccionario se pueden hallar.

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El avión empieza a despegar. Yo me limito a pensar: ¿Estarás escuchando esta misma canción? ¿te acordarás de mí?…Absurdas preguntas sin respuesta final. Supongo que cuando acabe la canción me dará todo igual; me darás igual. O al menos eso espero. Desde la cobardía, sí; desde este miedo idiota a saberme queriendo otra vez; víctima de una vida a flor de piel en la que quieren los débiles y se abstienen los fuertes.

Estamos en el aire. Fuera hay turbulencias, dentro yo genero torbellinos. Mi corazón no se está quieto y late desmedido a cada nuevo “I’ll wait for you”. Me perturbas. ¡Silénciate! Es inútil… Será mejor que apague la música, ¡no quiero pensarte más!

¡Noooo! ‘Aunque tú no lo sepas’ ahora no…

Otro recuerdo, aquel momento sentada sobre ti. Ese banco de madera bajo la luz de las farolas. Mi música, tus oídos. Una canción de amor escondido suena mientras te cuento mis miedos. Rescatas una frase. Sí, “el mar de tus labios”. Me estremezco y pienso…”¡bésame!”. Lo haces. Muero. Vuelvo a vivir.

Lo siento. Perdóname que cada canción me haga extrañarte. Perdóname que esto solo lo sienta cuando me veo alejarme. Perdóname esta absurda forma de querer, si así puede llamarse; tan triste, tan lejana, tan gris como mi alma. Prometo será la última canción.

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